Tras la captura y asesinato de Osama Bin Laden, enemigo número 1 de Estados Unidos y Occidente desde el 11 de Septiembre de 2001 surgen una serie de preguntas que los implicados no parecen querer responder: ¿fue correcta la ejecución del terrorista a pesar de no contar con un juicio previo? ¿puede un Estado democrático y de Derecho cometer un asesinato como si de un terrorista se tratara? ¿No es incoherente defender la democracia en el mundo y a la vez actuar como un matón?