Tras conocerse la decisión de que la FIFA ha decidido otorgar a Rusia y Qatar la celebración de los mundiales de fútbol de 2018 y 2022 ha saltado una fuerte contestación en medios y opinión publica europea -y mundial- sobre esta designación. Es cierto que Rusia no partía con mejores condiciones técnicas que los estados europeos con los que competía. Además, su enorme extensión y escaso apoyo social generaba dudas. Sin embargo sí creo que lo merece y que probablemente será un gran mundial y un éxito organizativo.
El caso de Qatar es, en mi opinión, diametralmente opuesto. Estamos ante una dictadura feudal, donde mujeres, homosexuales e inmigrantes tienen el dudoso honor de compartir discriminación y restricción de derechos en el microestado islámico, famoso así mismo por sus elevadísimas temperaturas en verano y las insultantes diferencias económicas entre su corrupta élite y el resto de la sociedad.
No obstante, vayamos por partes.