Las pasadas elecciones autonómicas al Parlamento de Catalunya reflejan sin duda un enorme cambio en la composición de la Cámara. Un nuevo partido, Solidaritat Catalana per la Independencia (liderado por el ex presidente del F.C Barcelona Joan Laporta) y un castigo sin paliativos a los tres partidos hasta ahora gobernantes (PSC-ERC-ICV) son las novedades más visibles junto el imparable ascenso de CiU. Otro dato a tener en cuenta ha sido la enorme abstención de los ciudadanos, (cerca del 41%) y el voto en blanco (2,94%)
Si el descalabro del partido socialista, liderado por José Montilla, ha sido notorio, con una pérdida del 28,4% de los votos obtenidos en las elecciones de 2006 y del 24,3% de los escaños, es igualmente destacable el desliz cosechado por sus socios de gobierno, ICV y ERC.
El electorado del PSC-PSOE, se compone en mi opinión de socialistas y “españolistas” de Barcelona y su cinturón industrial y que no comulgan con el nacionalismo catalán. Dicho de otro modo, votantes del PSOE. Que Maragall primero, y Montilla después abrazaran e impulsaran medidas nacionalistas y poco coherentes con el socialismo, como la imposición de la lengua catalana en detrimento del castellano (en lugar de buscar una posible coexistencia), la búsqueda de oficialidad internacional de selecciones deportivas catalanas o propio el desgaste por el Estatut, pueden explicar su debacle junto a la grave crisis económica que el país vive.
En cuanto a la la formación independentista de Esquerra Republicana de Catalunya, perdió casi la mitad de sus votantes, en este caso un 47,60% y un 52,4% de sus escaños (pasando de 21 a 12 escaños), y quizá pagó la utilización excesiva de los referéndums y la discutible gestión del Govern junto a sus socios. Sin duda, parte de su electorado fue a parar al independentismo de Laporta y su “folclórico” partido, y otra parte igualmente pudo haberse pasado al nacionalismo moderado y tradicional de CiU.
En ICV, la mala imagen cosechada por Joan Saura al frente de la Consejería de Interior durante el gobierno autonómico y el propio desgaste del Tripartit, junto a la indudable contribución de la crisis financiera mundial, son razones que por supuesto pueden explicar buena parte de su pérdida de casi una quinta parte de su electorado.
Llama la atención de igual forma, que el Partido Popular, principal partido de la oposición en el Congreso de los Diputados, obtenga tan sólo una mejora del 21% en votos obtenidos. Es cierto que se trata de un porcentaje reseñable, y que supone cuanto menos un dato a valorar de cara a las próximas elecciones autonómicas y municipales de 2011, máxime cuando ha supuesto el récord histórico del partido en cuanto a diputados (no en votos), pero dada la enorme ventaja que le otorgan a nivel nacional las encuentas de todo tipo (algunas de ellas,incluso un 18% de diferencia con respecto al PSOE, y obteniendo la mayoría absoluta) y con la actual situación económica, se podía esperar mucho más. Por todos es sabido que el propio partido socialista cosecha siempre sus mejores resultados electorales en Catalunya en las elecciones generales, y que una probable mejora económica de aquí a 2012 pueden comerse todo avance popular.
Sin duda, el PP no está consiguiendo capitalizar gran parte del voto perdido por los socialistas, y quizá deberían replantearse si la política de crispación y nula aportación de propuestas estructurales para el país es tan conveniente como creen. Después de todo, el líder popular ha llegado a comparar España con Pakistán, Islandia e Irlanda, confundiendo el interés propio con el de sus conciudadanos.
En cuanto a Ciutadans, han quedado al borde de un cuarto escaño. Tan sólo 1.500 votos parece haberles separado, y han logrado un meritorio 18% más de electores. Que hayan tenido sonadas disensiones internas, como la dimisión de los compañeros de Albert Rivera en el Parlament y que jueguen contra el silencio informativo de medios como El País o el Periódico de Catalunya supone un espaldarazo a sus propuestas, basadas en el bilingüismo administrativo y la dejación de todo tipo de nacionalismo. Su futuro no obstante, pasa inexorablemente de una alianza con UPyD, por razones obvias.
La antítesis de C's es, sin ningún género de dudas, Solidaritat per la Indepencia (SI), liderada por Joan Laporta. Este partido, de reciente creación, ha contado en sus listas electorales con una actriz venida del cine porno y como máxima electoral la independencia unilateral de Catalunya hacia el resto de España. Obviando que los pasados referendos soberanistas cosecharon ridículos porcentajes de voto y de la enorme dependencia económica hacia el resto del país, no le auguro demasiado recorrido histórico a este partido. Han podido recoger buena parte del descontento en las filas de ERC y sin duda han superado previsiones de las encuentras pre-electorales.
En último lugar, el claro ganador de las elecciones autonómicas de Catalunya: Convergencia i Unió (CiU). Liderados por tercera vez por Artur Mas, han sabido capitalizar el desgaste del Tripartit, las demandas de una mejora en cuanto a financiación autonómica (algo de momento improbable) y la sensación de ser el único partido serio y con coherencia entre los candidatos. Su subida ha sido espectacular, con un 28% más de votos y más que doblando el número de escaños del PSC, algo histórico. Gracias a ello, se han quedado al borde de la mayoría absoluta (62 escaños frente a 68), lo que les permitirá gobernar con apoyos puntuales y sin necesidad de coaliciones ni grandes cesiones.
El nuevo Parlament, deja pues un claro ganador (CiU) y dos grandes derrotados (PSC y ERC), con un gobierno que será liderado por Artur Mas y que quiza deba templar los ánimos nacionalistas que tan caros les ha costado a los anteriores huéspedes de la Generalitat. No obstante, no deja de ser paradójico que ante la crisis económica y el enorme paro que Catalunya registra (17,41%), los votantes hayan dado un fuerte impulso a las formaciones de derecha.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada