Pocas horas después de la publicación por diversos medios de comunicación catalanes, y de la afiliación y apoyo de diversas organizaciones públicas, aún continúa el revuelo generado por lo que aquel texto contenía.
No es para menos. Comienzan los exponentes criticando la labor del Tribunal Constitucional, denominándola peyorativamente como “cuarto poder”, síntoma de ignorancia o vil manipulación por su parte, pues las funciones del organismo son detenidamente descritas y refrendadas en la Constitución vigente. No creo necesario recordar que el Poder Judicial es uno de los poderes del Estado Democrático, Social y de Derecho que es nuestro país, por lo que cuestionar la separación y control de poderes es cuanto menos, burdo. La existencia de este tribunal es una garantía plena de los ciudadanos para acotar y delimitar el posible comportamiento despótico de nuestros políticos.
En el editorial sin duda se atañe al viejo debate de la legitimidad legislativa y la legitimidad de las urnas. Al respecto diré que, aún siendo respetables los votos de los ciudadanos que refrendaron el Estatut de Catalunya en 2006, no lo son menos las leyes fundamentales del Estado, bases que generan nuestra actual democracia y Estado de Bienestar.