viernes 16 de octubre de 2009

La decadencia de la democracia

Quiero aprovechar esta tribuna que se me brinda, para llevar a cabo una critica feroz pero constructiva de lo que considero que es la actual democracia española en su vertiente política.

Falta de liderazgo, carencia de ideales, mediocre preparación, independencia cuestionada...son apenas unos pequeños barnices que me vienen a la cabeza para definir cómo veo la democracia y sus estandartes en nuestro país.

Es habitual hoy en día las noticias acerca de tramas corruptas y de favores a políticos de toda índole en los medios de comunicación. Menos habitual por otra parte es la crítica de éstos de forma imparcial y descarada al devenir de los acontecimientos.

No podemos permanecer impasibles a toda esta marabunta de ineficacia, vulgaridad y pasotismo instalada en nuestras cámaras e instituciones políticas. ¿En dónde quedaron las críticas y revelaciones del caso “tres per cent” de la Generalitat de Catalunya? ¿y qué decir sobre las turbias concesiones económicas a la hija del Manuel Chaves, Vicepresidente Tercero del Gobierno de la Nación? Es cierto que usted me podrá objetar, y con razón, que ninguna de estas dos cuestiones que servidor plantea han cosechado sentencia en firme alguna, y que por supuesto no hay si quiera causa judicial abierta al respecto.

Pero no es menos cierto que se trata de dos meros ejemplos de casos de posible corrupción “sobreseídos” de una u otra forma por los diferentes poderes del Estado de Derecho, donde me permitirá que incluya, sin que sirva de precedente, a los medios de comunicación.

Es una constante diaria. Políticos que no dan la talla en cuestiones de índole nacional e internacional. Cargos públicos y de partido que con poca o ninguna educación despachan a periodistas como si de puertas de discoteca se trataran. Sensación de complicidad y enchufismo entre las diferentes élites de los partidos; mínima preparación en las cuestiones de Estado por parte de sus señorías y escasa iniciativa entre ministros, consejeros y todo cargo electo a lo largo y ancho de nuestra geografía.

A veces uno tiene la sensación de que nuestros políticos se creen poseedores y dueños de su cargo, como si de un patrimonio propio se tratase, donde no consideran que el honesto y decente hecho de ganarse el sueldo con ideas, decisiones, programas y defensa de lo público y ciudadano quedaran como garantía de su buen hacer, ignorando por tanto estas maneras.

Reconozcámoslo, no tenemos unos políticos a la altura de las circunstancias. Todo cuanto rodea a nuestros grandes partidos rezuma un halo de continuismo y mediocridad que me inquieta. Ni la política económica de Zapatero goza de coherencia y consenso entre los analistas, ni Mariano Rajoy es hoy día un líder creíble y capaz de organizar una verdadera alternativa de gobierno. Podemos mencionar la falta de visión de Estado en ambos individuos, así como su nula capacidad de comunicación y convencimiento ante diferentes, pero sinceramente, esto es sólo la punta del iceberg del gran problema de nuestro país: nuestra clase dirigente.

Justicia manchada por la política, diputados que apenas tienen conocimiento de cuáles deberían ser las formas y deberes que tal cargo debería conllevar, medios de comunicación con claros intereses partidistas e incluso personalistas, sociedad civil adormecida que cede poco a poco ante los acontecimientos y que se contenta con poder encender cada día la televisión...

¿Dónde están las grandes iniciativas e ideales de nuestros líderes políticos? ¿son conscientes del importante cargo que desempeñan tanto el presidente del gobierno y el jefe de la oposición? ¿no comprende que una nación como España, con ilustres personajes en el mundo de las letras, la ciencia, la empresa o el arte debería contar por obligación con representantes similares? ¿dónde están, a dónde han ido esos talentos desplazados que pudieran desempeñar estos cargos con superior destreza?

Temor me da pensar que el coloso entramado que han conformado los partidos políticos en nuestro país se haya podido convertir sin lugar a dudas en una fábrica de asalariados que tienen por objeto pensar y actuar en pos de un cargo y un beneficio continuo de complacencia hacia las direcciones políticas correspondientes.

No es ese el espíritu que debiera prevalecer ni buscarse bajo ningún concepto. Ni mucho menos. Nuestros partidos políticos, afiliados y sociedad civil en general debieran comprender que hoy, más que nunca, el espíritu crítico y reformador han de impregnar de forma continua a todos aquellos que tienen la difícil tarea pero también privilegio, de tomar decisiones sobre el conjunto de la ciudadanía en base al ordenamiento jurídico establecido.

Podemos llamar a la rebeldía de los votantes, -lo único ante lo que al menos parecen claudicar gestualmente nuestros políticos- de los medios de comunicación de verdad independientes y de todos aquellos bienpensantes de cualquier ideología que contemplan con estupor la decadencia progresiva y sostenida de nuestra democracia, pero mucho siento decir que mientras no haya una verdadera regeneración de las direcciones nacionales de los grandes partidos, nos seguiremos encontrando ante la encrucijada de alzar la voz y no ser escuchados, o de callar y permanecer impasibles ante toda esta letanía y lenta agonía a la que nos someten nuestros mediocres dirigentes.

Demasiados intereses creados y demasiada metástasis se ubica en nuestra nación hoy día.

2 comentarios:

  1. completamente de acuerdo con usted, caballero.

    ResponderSuprimir
  2. Muy bien expresado, Nacho. Ocurre en España, desde hace ni se sabe, que se da el fenómeno de premiar al mediocre por encima del que destaca. Se da en todos los ámbitos, pero ya que hablas de partidos, entre los socialistas, cuando Zapatero comenzó a comprender que Joaquín Almunia era más capaz que él, lo propuso para Comisario de la UE para enviarle fuera de España. En el PP este fenómeno es todavía más visible, como cuando Aznar, temeroso de que Rodrigo Rato le robara los aplausos, nombró como sucesor a Mariano Rajoy, hombre inteligente, pero gris y nada determinado. Cuando responde a preguntas de periodistas con simplezas, que es casi siempre, se nota que se dirige a un electorado dócil y nada crítico. Vas a decir que soy pesada, Nacho, pero creo que la solución se halla en las listas abiertas de candidatos, y muy especialmente en la Reforma de la Ley Electoral.

    ResponderSuprimir